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Edificio del Faro del Cap de Sant Antoni

Historia, luz y contemplación sobre el Mediterráneo

Situado a más de 160 metros sobre el nivel del mar, el Faro del Cabo de San Antonio es uno de los símbolos más icónicos de nuestra costa. Desde su puesta en funcionamiento en la segunda mitad del siglo XIX, su emblemática silueta preside el acantilado y su luz continúa siendo una guía esencial para la navegación en el Golfo de Valencia.

Su entorno exterior constituye un mirador patrimonial y paisajístico imprescindible. El complejo conserva la esencia de las antiguas construcciones de señalización marítima y de las torres de vigía medievales que protegían la costa. Desde sus inmediaciones, los visitantes pueden contemplar la arquitectura de esta histórica infraestructura, conocer su trayectoria a través de la señalética del Espacio de Interpretación y disfrutar de unas vistas panorámicas inolvidables de la bahía de Xàbia y del mar abierto.

Un punto clave para la defensa de la costa

Piratas y atalayas: Antes de la construcción del faro actual, en este mismo lugar se alzaba la Torre de Sant Antoni, una antigua atalaya de vigilancia del siglo XVI utilizada para avistar y alertar de la presencia de piratas berberiscos.

El primer encendido: En el año 1855, tras sustituir los antiguos fuegos de almenara por una moderna óptica, se encendió por primera vez la linterna del faro, marcando el inicio de su labor de guía marítima.

Modernización: Inicialmente alimentado con aceite de oliva, el faro ha ido evolucionando con la llegada de la electricidad y las nuevas tecnologías, manteniendo su función vital hasta el día de hoy.

Ficha técnica y curiosidades del faro

Escuela de Torreros: En el siglo XIX, las instalaciones del Faro del Cabo de San Antonio albergaron una de las pocas escuelas prácticas de España para formar a los futuros fareros.

Un alcance espectacular y un aliado en las Pitiusas: Su potente luz blanca se proyecta hasta 26 millas náuticas (casi 48 kilómetros), una señal constante que guía el paso a través del canal Balear. Además, en esta travesía no trabaja sola: hace pareja estratégica con el Faro de La Mola en Formentera. Ambos vigías marcan los dos extremos del pasaje marítimo más estrecho entre la Península e Ibiza/Formentera, sirviendo de referencia cruzada para los navegantes desde el siglo XIX.

Un error de cálculo y una nueva torre (1855-1861): La ingeniería del siglo XIX tuvo aquí uno de sus retos más singulares. Al encender la primera linterna en 1855, se descubrió que proyectaba una zona de sombra justo en el área más crítica para la navegación. Para solucionarlo, en 1861 se construyó la torre definitiva en el extremo del cabo, donde se ubica actualmente.

Un edificio lleno de encanto: La torre, de 17 metros de altura y forma cilíndrica, es un ejemplo de la arquitectura de señalización marítima de la época, realizada en mampostería tradicional que desafía el paso del tiempo. Destaca su linterna con forma de prisma de doce caras y cúpula de color verde oscuro.

Gestión y funcionamiento: El faro continúa en activo como ayuda a la navegación comercial y recreativa, y está gestionado por la Autoridad Portuaria de Alicante.

¿Sabías que...? En los días claros, la vista desde los alrededores del faro permite divisar con total claridad la silueta montañosa de Ibiza y, en jornadas de visibilidad excepcional, la silueta baja de Formentera. No es casualidad: este Cabo es el punto peninsular más cercano a las islas Baleares.

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